Llegó por una caries, y Dios sanó su alma

Llegó por una caries, y Dios sanó su alma
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Revista VAMOS

En una jornada médica en la ciudad de Medellín, Colombia, en una comunidad muy vulnerable, llegó Miriam, una señora de 38 años. Después de presentarme y preguntarle por la razón de la consulta, me dijo que estaba nerviosa y yo le dije que estuviera tranquila, que estaba en las manos de Dios, que Él me usaría como un instrumento para atenderla. Le expliqué el procedimiento y le pregunté si me permitía orar por ella.

Miriam había sido cristiana junto con sus hijos, pero se habían alejado y no querían volver a la iglesia. Luego de escucharla por 10 minutos, le dije: “¿Sabía usted que nada puede separarnos del Amor de Dios? No es una casualidad que hoy usted esté aquí, Dios mismo la ha traído como una oportunidad para volver, porque como un Buen Padre ha estado esperándola con los brazos abiertos”.

Al comenzar a orar, sentí un calor muy fuerte en la planta de mis pies y mis manos comenzaron a sudar, y ella comenzó a temblar y a llorar muy fuerte.

Yo abrí los ojos y sin dejar de orar le hice señas al equipo que estaba en ese cuarto para que se acercaran a orar también. Miriam comenzó a sentir ganas vomitar. Al terminar de orar, ella dijo que había visto a un hombre de aspecto horrible a su lado y que ese hombre le decía que era él quien la visitaba por las noches cuando ella sentía que se ahogaba y que la quería ver muerta.

Así que inmediatamente la llevamos al cuarto de oración y comenzamos a orar por ella. Ese día Miriam fue liberada de un espíritu inmundo que la atormentaba.

Luego comenzó a sentir un gozo inexplicable y no dejaba de reír, al regresar a la sala de odontología, ella me abrazaba y me decía con lágrimas de felicidad en sus ojos que Dios era bueno y que ella había ido para sanar una carie y Dios había sanado su alma.

Yo no podía dejar de llorar al saber que ese era el día de salvación de esa mujer y que, en su inmenso amor, Dios me había dado el privilegio de hacer parte de este hermoso testimonio.

Nunca debemos subestimar lo que Dios puede hacer a través de nosotros, recordando que es Él quien hace la obra, nuestro deber es solo tener un corazón dispuesto.

Liz Herrera, misionera y odontóloga colombiana

Las oportunidades que trajo la enfermería

Soy enfermera, y elegí serlo pensando en las oportunidades que me daría para llegar a la gente. Trabajé en campamentos de Refugiados dando atención primaria, en pequeñas aldeas haciendo de todo un poco, ya que estábamos muy alejados de otras ciudades.

Estuve por muchos años al frente de un proyecto de nutrición para niños de 0 a 4 años con bajo peso, y esa fue una gran oportunidad para hablar con las madres, orar por los niños y ver muchos milagros de parte de Dios.

Creamos un gran vínculo con las familias y mucha confianza, lo que hacía que las mujeres vinieran a pedir oración cuando tenían problemas en sus familias.

Y trabajé haciendo la consulta médica, ya que en Senegal los enfermeros tenemos autorización para hacerlo, por supuesto, siguiendo todo un protocolo.

Participé en campañas en el interior del país y en otros países limítrofes donde teníamos compañeros trabajando.

Helen, enfermera y misionera chilena

 

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