
Tan pronto como llegaron a Pakistán, la señora García* se enfermó de gravedad y tuvo que quedarse hospitalizada varias semanas. ¡Estrés! El señor García cuidaba a los niños mientras trataba de encontrar una casa para rentar. ¡Estrés! Los hijos comenzaron a asistir a una escuela en donde los demás estudiantes los maltrataron por no ser musulmanes. ¡Estrés! El país no les renovaba la visa. ¡Estrés! En los primeros doce meses la señora García se embarazó y dio a luz a un lindo varón. ¡Estrés! Seis meses después de llegar murió la mamá del señor García, pero por falta de fondos él no pudo regresar para el funeral. ¡Estrés! La pareja experimentó problemas en el matrimonio. ¡Estrés! Los García experimentaron problemas en la comunicación con los demás misioneros. ¡Estrés! Y cada círculo vicioso se completa: el liderazgo de la misión, creyendo que los García eran perezosos o incapaces, les puso más presión y demandas, tratando de “ayudarles”. ¡Estrés!” Esta es una historia real, del libro “A2L” (Aprendiendo una Segunda Lengua) del misionero David Rising de Peoples Mission International, en donde describe los diferentes factores que hacen que un misionero se estrese.
La vida del misionero está llena de muchos cambios que de por sí traen estrés. “Ocasiones especiales en la vida del misionero como mudarse a un nuevo campo, despedirse de un miembro del equipo, perder el sostenimiento económico, etc. hacen al misionero más vulnerable a una crisis de salud física o emocional”, dijo Vivian Ochoa, misionera de FAM (www.faminter.org).
La fuerte carga de estrés en una persona, termina por afectar su salud física, en algunos casos hasta producir enfermedades crónicas y esto, inevitablemente repercute sobre la salud emocional. Mario Loss, misionero de SIM, dice que la situación transcultural presenta una tensión física y psíquica muy alta y esta tensión produce fatiga, enfermedades frecuentes e inestabilidad emocional, que resulta en una disminución de la efectividad del misionero.
Mario menciona tres factores determinantes que causan mucho estrés en la vida del misionero:
- Cambios en la vida común: Cambios de vocación, mudanza internacional, de idioma, sitsuación financiera, comidas, trámites legales, contactos familiares, etc.
- Diferencias de cultura: Para la mayoría de las personas, las primeras experiencias en la nueva cultura son fascinantes. Gradualmente, esta fascinación se desvanece por los inconvenientes y se dan las siguientes respuestas: 1) rechazo total de la nueva cultura, 2) rechazo total de la antigua cultura, 3) coexistencia forzada, 4) saludable integración de ambas. Es un proceso en el que uno se hace vulnerable a la desorientación y al daño, procedente de muchas tormentas emocionales.
- Alta expectativa en la función del misionero: El estrés adicional es provocado por una discrepancia entre el desempeño esperado y el real. Esto conduce a una culpa falsa y a la baja autoestima.
Hay otros factores que influyen, pero esta es una buena manera de resumirlos. Los siervos de Dios no deben sentirse culpables de tener estrés, la verdad que es un mal de estos últimos años, pero sí deben aprender a manejarlo, y qué mejor manera de seguir el ejemplo del mismo Jesús.
- Tener tiempos a solas de Oración (Mt.26:36-44)
- Obedecer las Escrituras (Lc. 22:37)
- Mantener comunión con el Padre (Jn.16:28, 17:1)
- Tener compañerismo con otros (Lc.22:28)
- Vivir con gozo y alegría (Jn.15:11, Heb.12:2)
- No pagar con mal (1 P. 2:23)
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