
En nuestro servicio en la misión, los llaneros solitarios son aquellos que más consecuencias negativas terminan sufriendo.
Por salud y para eficacia en el servicio, debemos considerar siempre la vida cristiana de la forma en que se lleva a cabo el servicio misionero transcultural al menos en la mayoría de las organizaciones: esto es, nunca en solitario.
Hemos sido creados para habitar y servir en comunidad. Algo anda mal si me encuentro un día viviendo mi fe cristiana apartado del cuerpo de Cristo. La Biblia es categórica a lo imprescindible que es la iglesia en nuestra vida como creyentes.
Me refiero al servicio en parejas de obreros, equipos, idealmente familias, así como en la misión transcultural. La vida de fe siempre debe considerar a otros en nuestro caminar en Cristo.
Estar solos en el campo y en contextos transculturales es una fórmula para todo tipo de padecimientos mentales. Y ya que nuestro aspecto espiritual trasciende de forma integral todo nuestro ser, lo mental impactará en lo físico.
Ahora, si por diversas circunstancias se da un aislamiento y nos encontramos alienados en un contexto de servicio, por supuesto que Dios nos sostendrá, como lo ha demostrado a través de la historia.
Nuestra dependencia de Dios debe aumentar de forma intencional y nuestros tiempos de intimidad y reflexión en la Palabra serán lo único que nos sostenga de un peligroso abismo.
Pero esto no debiese suceder más que en contextos puntuales, temporales y dadas las circunstancias; nunca por opción, ya que no hemos sido diseñados para estar solos, y mucho menos servir a Dios desde la independencia del cuerpo de Cristo. La tecnología y la virtualidad disminuyen aún más las excusas.
Rolando Campos, psicólogo y misionero movilizador