
Ana* salió hacia un campo misionero muy entusiasmada de la nueva experiencia, pronto sintió el golpe de tantas diferencias. La mayoría de misioneros de su equipo pertenecían a una cultura muy independiente, así que las decisiones importantes eran tomadas de manera individual. El amor se demostraba con actos de servicio más que con el toque físico y aprovechar el tiempo era de suma importancia.
Ana, que había crecido en una familia y cultura tan opuesta, empezó a sentirse mal ante una realidad tan opuesta a la suya. Incluso sintió, que el equipo no era muy espiritual, ya que no acostumbraban tener reuniones de oración y adoración en grupo, sino que cada uno lo hacía de manera privada. Por no saber comunicar sus expectativas y necesidades, Ana se preguntaba en silencio si sus compañeros tenían una comunión real con Dios y si la apreciaban.
Continuó trabajando aunque no se sentía bien emocionalmente. Los sentimientos de soledad, frustración y miedo al rechazo se hicieron más fuertes y no se lo contó a nadie por miedo a ser juzgada. Un día, las emociones y estrés de Ana llegaron al límite y una serie de síntomas físicos aparecieron en su cuerpo afectando su salud. Tuvo que regresar del campo llena de temores y preguntas.
Así como Ana, los misioneros estarán expuestos a un sinfín de emociones y cambios, que pondrán a prueba su estabilidad emocional. El portal vidaok.com dice que una buena salud emocional se refleja en la forma cómo las personas reaccionan, las actitudes que toman y el control de sí mismos.
“Muchas personas tienen estrés, tensiones, presiones y etapas de problemas continuos. Si se tiene una buena salud emocional, serán solucionados o soportados por más que estos sean difíciles a afrontar”.
Debido a los cambios de adaptación y las diversas relaciones que los misioneros experimentan en su vida diaria, una madurez emocional, será una garantía de resistencia. Así lo explicó Carlos Pinto, psicólogo y consultor educativo con LAM (www.lam.org).
“Las misiones implican relaciones interpersonales con diversas culturas e idiosincrasias, lo cual exige una madurez emocional para lidiar con las diferencias y con los constantes cambios inesperados. Existen personalidades que se adaptan fácilmente a nuevas situaciones y por el contrario, también hay otras más rígidas que poseen mayor dificultad de adaptación”, dijo Carlos.
Un misionero que no está en condiciones emocionales estables, puede ser afectado como Ana. Prevenir y estar preparado, es muy importante en el proceso misionero, ya que debido a la falta de salud emocional, son muchos los que salen lastimados.
“El peor de los afectados sería el mismo misionero, ya que el choque transcultural que sufrirá en el campo, podría empeorar su estado. Se vería afectada el resto de su familia, peor si es soltero y no cuenta con alguien que le apoye. El trabajo para el cual llegó al campo también se afectaría, puesto que no estaría enfocado al 100% en su desarrollo ministerial y las relaciones con el equipo de trabajo no se darían de manera natural. Lamentablemente, el país o iglesia receptora también se verían afectados, al recibir a un misionero que tristemente se constituirá en ‘una carga’ pues se le debe dar el tratamiento adecuado (espiritual y psicológico)”, dijo Karen Marroquín, misionera de Familia Marroquín Latin Link.
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