
Un buen número de las que servimos en misiones somos solteras, en su mayoría mujeres y algunos varones. En la gran mayoría de los casos, no somos solteros por elección. La realidad es que nuestras iglesias están llenas de adultos solteros, muchos por causa de divorcio o viudez y un gran número porque nunca se ha casado.
La vida del adulto soltero no es sencilla.
Nuestra sociedad latina no deja mucho espacio para esta población. Hay muchos prejuicios y estigmas. También muchos atropellos aún de los mismos compañeros en el ministerio.
Pero la realidad es que he aprendido en esta trayectoria de vida a ver, como Pablo, que ser soltera es una oportunidad que no se puede desperdiciar. (1 Corintios 7:25-40)
Comencé mi carrera misionera muy joven y desde entonces he perdido la cuenta de las muchas veces que he viajado a un sinfín de lugares. La oportunidad de relacionarme con una gran diversidad de personas. En misiones, la diversidad es consistente. La facilidad de quedarme en cualquier sitio. Ser soltera me ha dado la oportunidad de desarrollar mis talentos y creatividad sin límites, más allá de lo que he estado consciente. Se hace realidad la expresión del apóstol Pablo: “El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor”. (1 Cor. 7:32)
Las que servimos en misiones somos impulsadas por una fuerte pasión de conquistar para Dios y nos sentimos libres y fuertes para esa conquista. Me resulta lamentable y doloroso encontrar solteros que solo están lamentándose de que no han logrado conseguir pareja. Es un anhelo natural y genuino. Pero no vale la pena perder la vida y las oportunidades que Dios nos da por solo esperar a que una pareja llegue. Es aún más lamentable cuando las personas se sienten incompletas y no realizadas por no tener pareja, porque “no ha llegado su media naranja”, como se dice en algunos países. Una pareja NO nos completa, solo nos complementa en el cumplimiento del propósito de Dios para nuestra vida. Estamos completos en Cristo: “y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad. ” (Colosenses 2:10)
Si somos creyentes nacidos de nuevo, enfocados en cumplir la voluntad de Dios, sabremos disfrutar cada etapa de nuestra vida cumpliendo Su propósito en nosotros.
Usemos nuestros talentos, dones, profesión, la libertad de decisión que nos da la soltería, la flexibilidad que tenemos. Involucremos a otros, formemos equipos, realicemos viajes de cuidado y acompañamiento misionero.
Invirtamos nuestras finanzas, tiempo y talentos en completar la Gran Comisión en esta generación.
Sigo soltera y me siento muy satisfecha de estar cumpliendo la voluntad de Dios en mi vida. Si algún día dejo de serlo, siempre tendré la satisfacción de que aproveché mis largos años de soltería, disfrutando al máximo de cumplir el propósito de Dios en mi vida.
No nos programamos para llegar a la etapa adulta como solteros, pero si ese es el caso, aprovechémoslo a plenitud.
Por Luz Esther Cádiz, misionera con WEC Internacional
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