
“Las mujeres que hemos conocido realizando este ministerio han creído las mentiras de Satanás: Que ellas no tienen valor, que están muy sucias para ser usadas por Dios y que no tienen otra manera para proveer a su familia que vender sus cuerpos”, dicen John y Melisa Camiola, misioneros con SIM en Nigeria y parte de Grace Gardens, un ministerio que lucha contra el tráfico de mujeres.
El proceso de restauración de una persona que ha sido explotada sexualmente es complejo y va más allá del rescate. El rescate sólo es la primera parte, ya que lo siguiente es tratar tanto su salud física como espiritual y emocional. Sólo mediante una asistencia completa ellas lograrán conocer al Dios que las ama, alejarse completamente de ese mundo y reinsertarse en la sociedad.
Dios dijo a Moisés “He escuchado su clamor a causa de sus capataces, pues estoy consciente de sus sufrimientos. Y he descendido para librarlos…” (Éxodo 3:7-8).
“Definitivamente, Dios es el mismo hoy cuando ve a 160 mujeres en India entrar en la prostitución diariamente, así como a las que son rescatadas y que eligen regresar al burdel al cumplir 18 años. Ahora es el tiempo para trabajar por la sanidad de los sobrevivientes al tráfico sexual”, dice Adam Hess, misionero con SIM.
¿Por qué entran este mundo? Están las mujeres traficadas, que fueron engañadas y pensaban que entraban a un país a trabajar como niñeras o trabajadoras del hogar, estudiar o simplemente a mudarse con su novio, pero al llegar se vieron envueltas en una red de explotación sexual que no las deja escapar.
Por otro lado, están las mujeres en necesidad. El dinero obtenido por la prostitución es dinero fácil y rápido, y ellas llegan a pensar que no tienen ninguna otra manera de mantener a sus familias y aportar algo para su hogar, por lo que ésta se presenta como la mejor opción.
Las mujeres en la prostitución no están viviendo, sólo encontraron una manera de sobrevivir.
Adaptado de www.esclavitudxxi.org
De regreso al burdel
Parece increíble pensar que después de haber sido rescatada de esa realidad alguna de las mujeres decida volver, pero en efecto esto es lo que sucede con muchas de ellas.
Después de pasar tanto tiempo bajo la explotación sexual y de haber sido heridas a un nivel tan profundo, ellas realmente llegan a creer que no hay otra forma de vida y que eso es lo que saben hacer.
Quizás regresen al lugar donde las explotaban o busquen otro burdel para prestar sus servicios y se recluyan allí, resignándose a ese tipo de vida.
“Ellas han experimentado la esclavitud en muchos niveles profundos, y no sólo necesitan un rescate físico, sino un encuentro con el Dios que las ama más profundamente. Si ellas no reciben esto, su hambre de amor probablemente las regrese a los brazos de las mismas personas que quieren explotarlas.”
Adam Hess, misionero con SIM
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