
Me alejé de la iglesia a los 13 años, mi familia era cristiana y mi papá pastor. No tenía ningún amigo cristiano, así que empecé a tomar y fumar.
A los 21 años mi mejor amigo se suicidó, ese fue un año de muchos cambios, veía mi vida vacía y sin ningún valor. Vivía fuera de la casa de mis padres y un día cuando los visité me invitaron a ir a un campamento con todos los gastos pagados, yo no sabía que mis padres estaban orando para que vaya, y como pensé que iba a comer gratis por 10 días, acepté.
Pero ese campamento Dios cambió mi vida y puso en mi corazón el deseo de testificar a las naciones, fue ahí también donde conocí a mi futura y ahora esposa Päivi. Su equipo oraba para que un varón fuera con ellos a su viaje misionero a Rusia. Después del campamento regresé a mis padres.
Le pregunté a Dios que quería de mi vida, me puse a pensar y me dije que si me quedaba en Finlandia lo único que iba a hacer era comer, dormir y pasar el verano sin hacer nada, así que decidí ir a Rusia. Dios me uso de una manera que yo no me podía imaginar, fuimos a una iglesia local a predicar a los rusos, luego a un hospital para orar por los enfermos y fue ahí donde Dios me dijo que si podía ser un misionero.
Desde entonces vivo en Perú con toda mi familia teniendo la oportunidad de servir al Señor, predicando el Evangelio y discipulando a los nuevos hermanos en la fe, aunque no fue fácil el proceso de preparación, de aprender el idioma, amar la cultura, entender a las personas de los poblados, adaptarnos y mantener el amor de Dios en nuestra familia. Pero lo que me mantenía firme era saber que como hombre de Dios, mi fortaleza no venía de mí mismo sino de mi dependencia en Él, buscando agradarlo siempre.
Muchas personas nos dicen que hemos hecho mucho sacrifico para la obra, pero para nosotros es todo un privilegio servir al Señor.
Markus Koivu, misionero finlandés.
Si deseas conocer mas sobre este tema, entra al siguiente link: caballeros-de-dios