Manteniendo un Brillo Espiritual

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Manteniendo un Brillo Espiritual
Resumen

En el campo como en la vida La gente te fallará. Las comunicaciones te fallarán. Tus finanzas te fallarán. Tu propia fuerza te fallará. Tus emociones te fallarán. Pero tu línea de vida espiritual, tu conexión con Dios, no te fallará.

Fuente
Revista VAMOS

Mantén un corazón sosegado. Las heridas, los desaires, las frustraciones, los malentendidos, las diferencias de opiniones o la infelicidad con las providencias de Dios – pueden rápidamente convertirse en resentimientos, sentimientos críticos y amargura de espíritu – lo que a su vez se torna en palabras que cortan y hieren.

Para evitar esto, determino dejar todo lo que moleste a los pies de Jesús, apropiándome de la sanidad de la Sangre limpiadora de Cristo, y aceptando cada cosa no deseada como Su elección para mí, recordando que “…Dios…hace mi camino perfecto”. Así Su paz y descanso prevalecerán (Sal 18:32; 1 Juan 1:9; 1 Pedro 5:7).

Operar sobre la base de cuentas cortas con Dios y el hombre. A la primera conciencia de una falta, no poder estar a la altura de la voluntad de Dios para mí – estar demasiado interesado en la tierra, el reino de Dios y la rectitud descuidados, negligencia acerca del algún deber, palabras cruelmente dichas, una disposición del corazón hacia alguien que no es de amor – yo, humildemente buscando Su perdón y habilitación, me someteré a cualquier ajuste que Él designe.

Por medio de la vigilancia y la obediencia al mantener la conexión celestial clara, mantendré el brillo espiritual que le permita a Dios fluir constantemente a través de mi vida en avivamiento.

Saturarme de la Palabra de Dios. Seré juzgado por Su Palabra (Juan 12:48). La fe es fortalecida y estimulada por la Palabra (Rom 10:17). Dios se revela por medio de la Palabra, y su conocimiento me hará un mejor testigo. Por eso, yo le daré, con la oración, máxima prioridad en mi agenda diaria (Sal 119:11, 105).

Desarrollar mi momento de oración más allá de la etapa del “dame”. Me propongo entrar más plenamente en los gozos de la adoración y el compañerismo con el Señor, permitiéndole que me hable también (Juan 4:23,24; Sal 27:14; 1 Juan 1:3-7).

Que Dios me use. A mis manos, mis fuerzas, mis posesiones, mi simpatía, mi amistad, mi interés y preocupación por los que contacto – las mantendré sometidas a Dios como canales para que Él se revele a otros.

Dar como Dios dirija. Daré tanto como Él elija, y buscaré Su voluntad en relación a dónde Él quiera que se use aquello (2 Cor 9:6-15).

Amar. Mi meta será amar a mi Dios con un corazón no dividido y a mis compañeros “fervientemente con corazón puro” (1 Pedro 1:22), porque permito que Su amor se derrame a través de mi vida diaria (Rom 5:5).

 

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