
La familia no solo es la unidad básica de la sociedad, sino que además es llamada por Dios para ser partícipes de Su visión para las naciones.
Desde la creación, vemos a Dios teniendo un plan con familia en la unión de Adán y Eva y cuando Dios llamó a Abraham, José y Moisés para llevar acabo la tarea que les había encomendado, toda la familia fue llamada a servir al Señor juntos.
“En ti serán benditas todas las familias de la tierra” (Gen. 12:3) está fue la promesa que Dios dio en resultado a la obediencia de Abraham, y así fue. Las familas están bendecidas con la oportunidad de conocer a Dios y ser parte de Su plan para bendecir a otros.
La familia no fue obstáculo ni dejada atrás por el número de personas que como algunos piensan, dificultaría la misión.
Hay muchas cosas de que conversar y considerar cuando hablamos de la familia en el campo misioneros, como el envío de una familia con o sin hijos, o un misionero soltero que forma su familia en el campo, la crianza, discipulado y educación de los hijos, el tiempo de licencia, los planes de contingencia en caso de situación de riesgo y muchas cosas más.
Y aunque quizás en la realidad de América Latina es algo difícil, no es imposible. Hoy en día, hay muchas familias que se han embarcado a la aventura de Dios en obediencia al llamado que nos ha dado a todos y cada uno de nosotros, tenemos tanto que aprender de ellos y de las cosas que les acontecieron, pero al mismo tiempo aprender sobre los errores cometidos en cuanto al envío y cuidado de las familias misioneras.
Esperamos que con esta edición entendamos que hay una parte de la Gran Comisión reservada para las familias, y nos ayude a repensar la manera en que vamos al campo, enviamos misioneros desde las iglesias, cuidamos a nuestros obreros y movilizamos en nuestras iglesias. Desde el escritorio del equipo VAMOS...
Gino