
Mirtha Espino, estuvo involucrada en evangelismo desde que aceptó a Jesús como su Salvador. Desde el año 97’ sintió el llamado de Dios para servir en África.
Salió con el apoyo de NED Global y JuCUM, estuvo sirviendo en una de las escuelas de JuCUM en la enseñanza de español. Además pudo hacer mucho discipulado entre la gente de su alrededor. Tuvo que regresar a su país por problemas de salud pero espera confiada la respuesta de Dios para volver al África.
“Viví en lugar donde se veía diariamente gente enferma de paludismo y tifoidea, pero esto no me impedía tener contacto con ellos porque siempre estaba visitando a los hermanos de la Iglesia y a las personas que había conocido en ese tiempo. En el año 2009 me dio por primera vez Paludismo y Tifoidea. Te afecta física y emocionalmente ya que es difícil controlarlo y muchas veces no cuentas con todo lo necesario para un buen tratamiento, además que estás sin tu familia y eso te hace pensar en muchas cosas negativas. Aprendí algo muy importante, que Dios permite algunas enfermedades para poder entender por qué la gente de ese lugar actúa de cierta manera. Yo regresé con una fuerte tifoidea que me tuvo enferma 40 días, ingresé de emergencia cuatro veces al hospital (nacional y particular), pero el medicamento que siempre me recomendaban había afectado mi zona neurológica y por esa razón no podía tomarlo. Para mí fue duro tener que regresar del campo ya que ahí no contaba con los medicamentos necesarios para un buen tratamiento. Sin embargo, Dios siempre me daba palabras de ánimo y me confirmaba Su llamado, hablando a mi corazón que retornaría al África. Creo que el llamado de Dios es irrevocable y que este tiempo aquí en mi país es pasajero y que muy pronto regresaré porque el amor que Él puso en mi corazón no nació de mí sino de Él, así que Él se encargará de hacerme retornar”.
Él está en Control
“Cuando el cáncer atacó a mi padre, me di cuenta que él no era Superman, que el hecho de que dedicara su vida a servir a Dios no garantizaba que no pueda pasar por alguna enfermedad. Dios nos había dado tanto que no podríamos reclamarle nada, así que sólo rogamos por misericordia. Mi padre fue operado y la operación resultó exitosa, las oraciones de muchos se unieron, sin importar si lo conocían o no, gente de diferentes denominaciones y países estaban orando por él; algo muy fuerte nos unía, un lazo de amor fraternal. En medio de la enfermedad, Dios también se manifestó, permitió que otros vean cómo Él tiene cuidado de sus hijos. Los médicos, enfermeros y gente del hospital pudieron ser testigos de lo que es la fe en Cristo. Mi familia fue fortalecida, la iglesia fue edificada y hubo mucho testimonio. Mi padre aún sigue en tratamientos y revisiones; los doctores no decretan a los pacientes de cáncer totalmente sanos, pero nosotros sabemos que todo está en control de Dios. Mi papá debe seguir cuidando su salud, hay otros males que atentan contra su cuerpo, debe aprender a reposar, hacer ejercicios y cuidarse de ciertas comidas. Hemos aprendido que una enfermedad no nos puede quitar el gozo de la salvación y el privilegio de servir a Dios. Tal vez la enfermedad puede limitar nuestro accionar, pero el corazón de alguien que ama a Dios no puede ser limitado”. Hija de Pastor
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