
La traducción de la Biblia, juega un papel importantísimo en el avance del Evangelio, Romanos 10:17 resalta su importancia. El papel del traductor es de un mediador intercultural. Son el eslabón invisible.
Cuando una persona escucha o lee la Biblia en su lengua materna, comprende mucho mejor el mensaje de Dios. Se brinda la oportunidad y posibilidad para crecer en el conocimiento de la Palabra, en fe, en santidad y en obediencia a Dios.
La Biblia es el pan de cada día del discípulo de Cristo.
De ahí, la importancia de la traducción y de orar por dicha labor.
Pero, ¿Qué sucede si la traducción de alguna parte del texto no es del todo correcta? En tal supuesto, el mensaje de dicho texto no será correcto. Es importante a todo esto añadir, que no se tiene conocimiento de la existencia de un texto original. Las traducciones de la Biblia que tenemos, son copias de copias de copias de los textos en los idiomas originales de la Biblia.
y a la fecha se estima que existen algunos errores de traducción, ya sea a propósito o por accidente. Por ello, debemos respaldar a los equipos y comités de traducción a través de la oración, pidamos al Espíritu Santo que ayude a cada traductor a ser sensible a la voz de Dios aún en el más mínimo detalle.
(Ver lectura: “Un motivo para orar”, haz clic aqui.) “Cuando revisábamos la Reina-Valera 1995, uno de los miembros del Comité Revisor, especialista en Antiguo Testamento sostuvo que la traducción de la última parte de Isaías 59:19 en la RV60 estaba equivocada. Otro miembro del Comité, también estudioso del Antiguo Testamento, analizó el texto y le dio la razón a su colega. Se hizo una nueva traducción de esa parte. Luego, al coordinador del Comité se le ocurrió intentar “rastrear” la traducción de ese texto en las revisiones de la RV que teníamos a nuestra disposición. Fue entonces cuando descubrimos este curioso e interesante dato: en la Biblia del Oso (1569), don Casiodoro de Reina había traducido el texto correctamente; pero don Cipriano de Valera, en su revisión (la Biblia del cántaro, de 1602) lo corrigió equivocadamente. Esa traducción equivocada se mantuvo hasta la revisión de 1960”, dijo Plutarco Bonilla, con doctorado en lengua griega.
Por lo expuesto, como iglesia necesitamos orar y enseñar a todo el cuerpo de Cristo a orar por los traductores bíblicos. ¿Recuerdas cuando Jesús antes de iniciar su ministerio, fue llevado por el Espíritu Santo al desierto para ser tentado? ¿Qué uso el diablo? La Palabra. ¡Uso la Palabra de Dios, acomodada a su conveniencia!, es decir, distorsionada.
No nos debería sorprender que el diablo intente atacar a la Iglesia con su propia espada.
La espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. Esto nos debería llevar a ser más intencionales, orando al Padre, intercediendo por los que tienen parte en esta preciosa y noble labor.
Libramos una guerra espiritual y el enemigo va a querer estorbar el avance misionero. Orar, es la responsabilidad de la Iglesia en este campo.
“Creo que se hace necesario el seguir insistiendo y creando conciencia respecto de la responsabilidad de muchos equipos de traductores y comités editoriales de la reproducción de la Biblia, en el desarrollo y persistencia de muchas situaciones (ideas, concepciones y prácticas) que han venido a complicarle el trabajo a los exégetas, teólogos y educadores cristianos, incluso a la comunidad cristiana”, dijo Héctor Olea Cordero, presidente y fundador del Instituto Dominicano de Ciencias Bíblicas.
El desafío para la Iglesia continúa, y debemos ayudar con nuestras oraciones. Según Wycliffe hay 1919 idiomas, de pueblos que se están alcanzando con el Evangelio y que no cuentan con un programa de traducción activo aún.
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